Ipiña (2008) plantea que, ante
todo, es evidente que las mejores
condiciones de un educador intercultural deberán estar en sus actitudes
habituales, antes que en sus aptitudes. Y señala tan sólo tres actitudes
habituales en el educador intercultural: su compromiso con las causas de su
pueblo, la tolerancia activa y la apertura al mundo.
Su compromiso
con las causas de su pueblo. Debería considerarse como condición esencial en el docente intercultural
bilingüe su compromiso con las causas
de su pueblo en la defensa de su dignidad: derecho a la identidad
cultural, al territorio, a la gestión de sus recursos con autonomía y sin
desmedro de sus valores, costumbres e instituciones tradicionales. Esta actitud
habitual puede llevarlo incluso al heroísmo en situaciones extremas. Pero sería
mejor que no se la considerara necesaria sólo en esas oportunidades; la
cotidiana constancia de un docente en la defensa de los derechos de su pueblo
se verá, más bien, en la esmerada educación de los niños y jóvenes a él confiados
para que ellos, a su vez, sean los campeones de sus propios derechos personales
y colectivos. No será demasiado insistir en que se trata de una actitud que
debería ser habitual, no reducida a unas acciones aisladas, más o menos
frecuentes. Se trata, como en el caso de cualquier actitud esencial, de una
virtud que sólo se logra con la reflexión y el ejercicio constantes.
La tolerancia
activa y la estimación de lo diferente. De nada le valdría al docente intercultural saber
mucho, si él mismo no fuera un ejemplo viviente de la interculturalidad, es
decir, si él mismo no hiciera de la tolerancia
activa y de la estimación positiva de las diferencias culturales su
ideario personal sincera y fervorosamente vivido.
En consecuencia, lejos de asumir actitudes
racistas o de enfrentamiento violento, debería ser un apóstol de la
comprensión, del intercambio y de la paz. Esta actitud es algo más que la
ejecución de actos aislados, por muy buenos que ellos fueren; se trata de toda
una virtud, es decir, de una manera de ser y de actuar habitualmente. Porque, además, se trata de docentes, o sea, de
guías para el desarrollo de las mentes nuevas y de los nuevos corazones de los
niños y de los jóvenes, quienes tienen derecho a un mundo despojado de la
discriminación y el odio que conocieron los mayores y las generaciones actuales
también. Mal podría ser docente en el espíritu intercultural una persona que
sólo reconociera como buenos los aportes de la cultura propia y despreciara las
realizaciones de otras culturas. Mal podría ser educador intercultural quien
viviera en un gueto espiritual, cerrado a la posibilidad de conocer otras
expresiones culturales, o de intercambiar con otros los tesoros de sus mayores,
o sus propias experiencias y descubrimientos.
La apertura al
mundo. Al
mismo tiempo que arraigado en la tradición de sus mayores, el docente
intercultural deberá ser un hombre abierto al progreso y a las innovaciones.
Esta actitud, particularmente difícil de lograr, es la única que puede
garantizar la formación de las nuevas generaciones como pueblos capaces de
sobrevivir adecuadamente en los tiempos nuevos, sin por ello verse obligados a
renunciar a sus valores culturales. En consecuencia, el educador intercultural
debe ser hombre abierto al mundo moderno y a sus rápidos y profundos cambios.
No es necesario señalar más actitudes
habituales para el educador intercultural bilingüe, porque deberá, además,
compartir todas las virtudes que se le exigen hoy a cualquier educador; entre
ellas, por sólo mencionar algunas: educar alentando al educando a salir de sí
mismo; educar dialogando y respetando el protagonismo del educando; finalmente,
educar en la humildad de los que tienen la enorme responsabilidad de ayudar a
las personas a educarse por sí mismas, sin por ello caer en el olvido fatal de
la autoestima.
Las aptitudes
esenciales que debe tener un educador de lenguas extranjeras son las
siguientes:
En el orden de las competencias propias
del educador intercultural bilingüe, para guardar la simetría, voy a proponer
también tres aptitudes esenciales. Encima de las tres podrán acumularse algunas
verdaderamente sustanciales, y muchas otras que convienen a todo docente. Las
tres elegidas son: la competencia profesional con capacitación constante, la capacidad
de investigación y mejoramiento a partir de la experiencia reflexionada, y
finalmente, el dominio de la lengua materna de sus educandos y de la segunda
lengua que es la lengua que enseña.
PRIMERA
APTITUD: competencia profesional con capacitación constante Indudablemente, nadie
pondrá en duda la importancia de esta primera aptitud: sólo con docentes
plenamente competentes la educación intercultural bilingüe tiene posibilidades
de éxito.
SEGUNDA
APTITUD: la capacidad de investigación y mejoramiento a partir de la
experiencia reflexionada. Esta segunda aptitud se desarrolla en la praxis docente. Pero
es fundamental que las universidades y los institutos de idiomas la promuevan
en los futuros docentes interculturales, fomentando su práctica intensiva
durante los años de formación del maestro. A nadie se le escapa que la
investigación en educación bilingüe e intercultural, en República Dominicana,
dista muchísimo de ser suficiente. En realidad, siempre será necesaria. La
investigación, en consecuencia, y en todas las modalidades de la educación,
deberá realizarse en el aula, en el trabajo verdaderamente educativo, y sólo
está a un paso de la práctica ordinaria de cualquier educador que, para
alcanzarla, bastaría con que hubiera aprendido a sistematizar y a reflexionar sus
experiencias.
Estas investigaciones en el aula son las
únicas válidas; las que proporcionan la base empírica adecuada para el
desarrollo de métodos innovadores y de nuevas teorías que harán avanzar a la
educación. Cuando los maestros de aula no investigan, los investigadores se
convierten en meros especuladores y formuladores de hipótesis que no toman en
cuenta la realidad. Esto no debería sucederle a la educación intercultural
bilingüe.
Una forma de asegurar el desarrollo de la
investigación socio-cultural, socio-lingüística y educativa desde el aula,
consiste en la organización de los Consejos Educativos de los Pueblos. Estos
organismos serían los encargados de proponer políticas adecuadas de desarrollo curricular,
procurando estímulos convenientes para la creatividad docente orientada a la
formulación de proyectos de experimentación e innovación.
El trabajo de los educadores encontraría
así motivos para la conformación de los equipos y el diseño de los proyectos
experimentales de investigación-acción educativa.
Y es que ellos deben salir de la
iniciativa y de la voluntad de los propios pueblos originarios, fuera de toda
posibilidad de ingerencia oficial en ellos.
TERCERA
APTITUD: el dominio de la lengua materna de sus educandos y de la segunda
lengua, que es la lengua que se quiere enseñar. Finalmente, he aquí la aptitud básica para
todo educador bilingüe: que sea verdaderamente bilingüe. Esto envuelve el
dominio de la lengua materna de los educandos, que debería ser, aunque no
necesariamente, la misma lengua del educador, por una parte; y, por otra, el
dominio de la segunda lengua. Este amplio dominio deberá estar acompañado del
manejo adecuado de las metodologías de primera y segunda lengua.
Ahora bien, la mayoría de los docentes
habla español. Sin embargo, no siempre dominan perfectamente su propia lengua;
y, en cuanto a la segunda lengua, suelen hablarla mal, con serias deficiencias
en el orden fonético, sintáctico y semiótico. Más aún, desconocen en alto grado
las metodologías de primera y segunda lengua que deberían desarrollarse en la
nueva educación.
